El día se despertó igual que yo, nublado, frío, melancólico… Los días así siempre me traen recuerdos, o me producen distintas sensaciones, hay veces que me motivan y otras que simplemente me hunden en esos sentimientos amargos. Hoy es uno de esos días que duelen, de esos que tienes aquel nudo en la garganta que no te deja respirar con tranquilidad. 

Ha pasado tiempo desde la última entrada y no es porque no lo haya intentado, sino porque no me salía y en este día en el cual el clima me acompaña he podido encontrar aquella inspiración para publicar.

Recuerdo aquel día, lo recuerdo muy bien, durante el transcurso de la mañana  y la tarde andaba cabizbajo, no era capaz de mantener la mirada al frente y cada cinco segundos ya me encontraba mirando el suelo. Exactamente no recuerdo si era lunes, martes o viernes, solo se que en la tarde tenía que ir hacia allá y me preocupaba porque no podía soltar ni siquiera una palabra. Me sentía destrozado, y era porque el fin de semana anterior me habían dicho algo que me hizo sentir terrible, no fue un insulto, no fue una grosería,  sino algo que caló mucho más profundo en mi.

Estaba en el trabajo, no era capaz de atender bien y la mayor parte me la pase encerrado en el baño, la situación no era la más agradable, sentía rabia, impotencia, culpa, pero por sobretodo, pena… Lo único que deseaba era arrancar, y cuando lo hice, la situación no cambio mucho, ya estaba camino hacia allá, estaba rodeado de gente que nunca había visto en mi vida así que intente contenerme para no explotar con todo eso que me carcomia por dentro. Creo que iba por la mitad del camino ya, pensando en que haría o diría al llegar, y no pude contener más eso así que me senté en el suelo, me puse el gorro del poleron que traía puesto intentando tapar todo mi rostro para que nadie notará que me pasaba, y saqué un poco de papel que traía en mi bolsillo porque había comenzado a llorar. No me quedaba mucho trayecto, y el papel ya no lo podía seguir usando más, así que me di los ánimos para levantarme como si nada y caminar hacia mi destino.

Llegue a mi destino, creo haber logrado que nadie notara mi estado, o lo que estaba conteniendo, luego pasados unos 2 minutos pedí que me dejaron solo para liberar esto que ya no podía contener más, me preguntaron el por qué, a lo que respondí “Solo hazlo”  me miraron con una mirada extraña, como de desconfianza por lo que yo podría hacer ya que la petición sonaba muy extraña. Se cerró la puerta, y me senté, no en la cama, tampoco en la silla, sino en el suelo con la cabeza entre las piernas y con mis audífonos puestos mientras sonaba una y otra vez esta canción, mis ojos estaba rojos, llorosos, las lágrimas caían y caían por mi rostro y se terminaban perdiendo en la alfombra. Estuve así unos 15 a 20 minutos creo, hasta que alguien interrumpió tocando la puerta a lo que hice oídos sordos y ni siquiera miré quien era, no moví ningún músculo porque ni eso podía hacer, estaba indefenso, vulnerable y destruido por aquello que estaba en mi cabeza. Aquella persona me vio se sentó al lado mío de inmediato y me dio un cálido abrazo que hasta el día de hoy recuerdo, me pregunto que pasaba pero no podía parar de llorar, tuvieron que pasar unos minutos para calmarme un poco y expresar por qué me sentía así.

Siempre recuerdo aquel día, aunque no es algo muy bueno pero ese día me marcó en cierta parte, y aunque aún me siguen doliendo aquellas palabras ya no es tan amargo el sentimiento, sino que algo más agridulce.

Ya han pasado dos años y un par de meses desde que partiste y te sigo extrañando, se que no eramos cercanos, o que fueron muy pocas veces las que hablamos pero dejaste una huella en mi que nunca olvidaré. No ha pasado mucho desde la última vez que te fui a visitar, y espero que pronto podamos encontrarnos para ponernos al día. Solo sigue descansando, te lo mereces.

Anuncios