Yo no la había amado en los días más brillantes de su incomparable belleza, pues en la extraña anomalía de mi existir, los sentimientos nunca brotaban de mi corazón y las pasiones siempre nacían de mi mente. En los brumoso amaneceres, en las sombras del bosque al mediodía y en el silencio de mi biblioteca por la noche, su imagen se había cruzado ante mis ojos y yo no le había visto, no como la Berenice humana, sino como una vaporosa e intangible Berenice de un sueño; no como una mujer terrenal, sino como una abstracción; no como un ser para admirar, sino que para analizar; no como un objeto de amor, sino como el tema de una especulación inconexa y confusa. Y ahora… ahora temblaba en su presencia y palidecía si la sentía cerca; ahora, lamentando su decadencia, recuerdo que ella me amó durante mucho tiempo, y que to, en un desdichado momento, le propuse matrimonio.

Edgar Allan Poe, extracto de “Berenice” del libro Narraciones Extraordinarias. 

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