Recuerdo como si fuese ayer el día en que te conocí, un tranquilo 9 de marzo, recuerdo hasta la hora y cada detalle de ese día, llegamos un poco tarde por que hubo un cambio de hora y no nos habíamos percatado. Al entrar estabas sentado en el sillón, te pusiste de pie en seguida y me diste un afectuoso apretón de manos el cual me hizo sentir confianza y dejar mi nerviosismo de lado. Ese día fue uno de los más lindos que me ha tocado vivir, lo recuerdo perfectamente y cada detalle que pude observar de aquel, así como esas típicas características que tenías, tu jockey, tu cinturón, el porta celular y tus poleras, pero por sobre todo esto, tu humildad y alegría, te gustaba contagiar alegría tirando una que otra talla. Si bien nunca fuimos cercanos, o no te pude conocer bien a fondo, marcaste una parte importante en mi vida, fueron casi 9 meses que compartí contigo y te agradezco por haberme dado esa oportunidad, me hubiese gustado compartir más contigo, hablar más, reír más, si pudiera volver el tiempo me sentaría todos los días a escuchar tus historias de vida. Tuve la oportunidad de verte dos días antes del día de… Para en algún sentido despedirme de ti, si bien no lo hice personalmente, en mi interior si.

Hoy se cumplen dos años desde que nos dejaste y te pido disculpas por no pasar, ya pronto nos juntaremos a charlar como lo hemos hecho en varias ocasiones, espero que estés descansando y que estés bien, te extrañamos mucho y no hay día en el que no te recordemos. Te agradezco por todo el cariño que me entregaste, siempre tendrás un lugar en mi vida y mi corazón tata.

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